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Los visitantes a menudo preguntan sobre la cocina eslovaca. Naturalmente, en Bratislava hay restaurantes especializados en la cocina eslovaca, auque la cocina de “Presporok”, es decir, de Bratislava, siempre ha diferido un poco de la corriente principal de Eslovaquia. Pressburg o Pozsony, como se llamaba originalmente Bratislava, era el hogar de una mezcla de eslovacos, húngaros, alemanes y judíos durante el tiempo que uno puede recordar, a menudo en familias mixtas. Este hecho tenía naturalmente influencia en la cocina de “Presporok”. El plato típico eslovaco es el “bryndzové halusky” (una especie de ñoquis con queso de oveja suave, de fuerte sabor) - no encontrará nada igual en ninguna otra parte del mundo. No hay una comida especial típica de Bratislava, pero las viejas recetas de “Presporok” vale la pena probarlas. Las comidas que llevan semillas de amapola, como tallarines con adormidera o los ñoquis con amapola son ahora más que una rareza, incluso en Bratislava, pero aún se pueden saborear pasteles de semillas de amapola (estrudel) o un rollo de renombre en Bratislava: rollo de semilla de amapola o nueces. Si hace una excursión a las colinas cercanas de los Pequeños Cárpatos, podrá disfrutar de la comida tradicional: la carne asada de oca o de pato con crepes de patata y col picada- es una verdadera delicia.
Bratislava fue en tiempos una especie de bodega real para la monarquía. La ciudad vivió de la elaboración del vino y fue célebre por ello. El vino de la región de Presburg se podía encontrar en cada banquete real o fiesta. La reina María Teresa incluso se refiere al vino Frankovka, de la zona de Raca, como poseedor de propiedades medicinales.
Durante la era del comunismo fue sin embargo destruida por completo la tradición vitivinícola. El estado se apoderó de los viñedos y los fusionó en cooperativas, donde todo era de todos y cualquier cosa no era propiedad de nadie. Afortunadamente, algunos viticultores mantuvieron sus pequeñas vides detrás de sus casas y así la tradición se transmitió de generación en generación. Tras la revolución de terciopelo de 1989 los viñedos fueron devueltos a sus propietarios y así la viticultura revivió con nuevo brío.
Entre las variedades de vino típicas están los Rieslings blancos y Veltliners, pero también hay una especialidad propia: la variedad mezcla de Devin, popular por su aroma a especias: a bálsamo de limón y pomelo. No se los pierda. ¡Salud!
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